burinot

El relato que les voy a contar fue una experiencia que me sorprendió y nunca pensé que pudiera pasar algo con Rocío mi hermana menor. Yo tenía los 18 años y Rocío la menor tenía 21 para aquel entonces y la mayor 23. Después de unas vacaciones especiales años anteriores con Amanda, ese año nada especial me deparó en cuanto a ligues. Alguno en la Universidad pero poca cosa.

Por aquel entonces yo llevaba muchos meses sin pareja, así que iba muy salido. Mis hermanas se reían de mí por lo salido que iba. un día que había ido al gimnasio como un día más, pero al ver a algunas chicas en ropa deportiva ajustada corriendo me había puesto muy excitado. Verlas reflejadas en el espejo como rebotaban me puso malo.

Llegué a casa y vi que mis padres habían salido y mis hermanas estaban cada una en su cuarto ocupadas en sus cosas así que dejé la bolsa de deporte y me metí en el baño. Comenzé a imaginarme escenas dignas de cualquier relato y empecé a masturbarme. Pasados unos minutos y en mitad de la faena de repente se abrió la puerta del baño y apareció Rocío.

Yo me quedé helado, escondí la mano para que no viera lo que era inevitable, que no viera que me estaba masturbando pero mi verga parada quedaba totalmente expuesta. Rocío no reaccionó simplemente miraba mi verga dura y yo helado también no sabía como reaccionar.

Pasado un largo e incómodo instante, Rocío salió del baño cerrando la puerta. Pidiendo perdón por no haber picado a la puerta. Yo no sabia como reaccionar pero dentro de mí sabía que me había gustado que me viera desnudo y masturbandome. Sentí intriga por cómo reaccionaría mi hermana, tal vez me reprochara estar tocándome en el baño, que no me mirara por la vergüenza o que hiciese como si no hubiese visto nada.

Le levanté y me puse solamente el pantalón corto de deporte y me fui por el piso hasta su recamara donde se había metido. Me acerque a su puerta pero estaba cerrada, puse mi oreja en la puerta para intentar escuchar que pasaba dentro. Empezó a rondarme por la cabeza la idea que se chivara y se lo contara a alguien, pero no se escuchaba nada. Para ese entonces mi erección había bajado ya.

Ya con una sensación de más tranquilidad y desilusión porque no se oía nada de nada me dispuse a ir al baño a acabar lo que había empezado cuando a medio pasillo empecé a escuchar unos ruidos de la habitación de Rocío. Volví sobre mis pasos a escuchar y se oían sollozos, no, eran gemidos. Mi hermana se estaba masturbando seguramente al verme desnudo tocandose. Metí mi mano entre el pantalón y comencé a tocarme. Rápidamente mi verga se paró y los líquidos empezaban a verse en el pantalón.

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Esperé unos minutos hasta que ya no oía nada y me fuí hacia el baño. Allí disfruté de una magnífica paja imaginándome a mi hermana en su habitación masturbandose excitada por mi.

Pasaron varias semanas y yo seguia masturbandome pensando en mi hermana menor, ahora la veía con otros ojos. Ella apenas me hablaba parecía que estábamos peleados. Pero mi obsesión por ella creció y comencé a espiarla. Me acercaba por las noches a su habitación para ver si había forma de verla pero cerraba la puerta, hasta que un día al fin pude ver como se cambiaba, pero tan solo le veía medio cuerpo. Ahí fue cuando descubrí que Rocío tenía unos pechos sensacionales que yo no había podido ver nunca. Aquella imagen aumentó mi deseo por ella y me masturbaba cada noche.

En una noche de esas mientras estaba sentado en mi ordenador viendo fotos y videos, como de costumbre me bajé los pantalones para empezar a masturbarme cuando al poco rato escuché un ruido tras la puerta. Nervioso me tapé, a los pocos segundos me acerqué a la puerta pero no había nadie. Pensaba que me observaban. Pasados unos segundos y siguiendo con lo que estaba haciendo ,no me desagradó pensar en la idea de que Rocío me estuviera espiando, pues yo lo intentaba hacer con ella.

Y no fue hasta pasados unos cuantos días cuando estaba nuevamente delante del ordenador masturbandome cuando Rocío volvió a entrar sin avisar y como un torbellino pero esta vez en mi habitación. Esta vez me cubrí a tiempo poniendo algo sobre mis piernas, ella quedó quieta nuevamente mirándome. Llevaba un camisón blanco liso. Ella seguía mirándome mientras yo sentado en la silla con los pantalones medio bajados. Me comenzaron a entrar calores de nerviosismo y excitación, estaba tan excitado que no me lo pensé dos veces y me volví a destapar sacando mi verga del pantalón. Pasaron unos segundos y Rocío seguía en la puerta parada, yo no podía más y sin pensar en las consecuencias seguí marturbandome. No me creía lo que estaba haciendo pero mi excitación no me dejaba parar.

Temblaba de vergüenza y sentía un calor que me envolvía todo, notaba los sudores. Rocío me miraba fijamente, cerró la puerta de mi habitación dejó caer el camisón y se sentó completamente desnuda en mi cama. Yo me giré hacia ella sin saber que hacer mientras seguía machacandomela. Ella se abrió de piernas y sin mediar palabra comenzó a tocarse.

Me fui acercando lentamente con la silla al borde de la cama donde ella estaba. Nos marturbabamos sin decir nada uno delante de otro. Tenía unas ganas tremendas de correrme pero no quería que aquello acabara. Por fin había visto a mi hermana desnuda completamente. Sus excitantes pechos y esa rajita depilada que ahora brillaba por los jugos vaginales. Ella seguía tocandose mirandome mi mano como masturbaba mi verga, así que intenté dar un paso adelante y deje de masturbarme quedandome delante de ella sentado con la verga parada para que la viera bien.

Veía como se estremecía y ponía cara de estar disfrutando. Me dijo que continuara, que le gustaba ver como me masturbaba y como disfrutaba. Pero yo me atreví y le dije que lo hiciera ella misma. No se lo pensó dos veces la agarró con la mano que le quedaba libre, momento que aproveche para sobarle los pechos y ver lo delicados y suaves que eran. En su mano caían mi liquido pre-seminal y en la otra los vaginales. Comencé a toquetear sus pezones, mientra suspiraba y gemía. A los pocos segundos se la introdujo en la boca dándome una tremenda mamada. Yo la ayudé poniéndome de pie para facilitarle la tarea.

Ya casi extasiado, me arrodillé y le devolví la mamada comiendoselo con locura, sintiendo y saboreando lo mojada que estaba. Finalmente me tumbé sobre ella y le hice el amor. Recuerdo aquella noche como algo muy excitante. Después de que hiciéramos el amor hasta que llegamos los dos. Estuvimos unos meses casi sin hablarnos hasta que poco a poco todo volvió a la normalidad, pero aquella fue la primera pero no la última vez que disfruté de mi hermana.